6.4.12

Abrazar el Árbol



Cuando abrazamos el árbol no buscamos absorber su energía, de una manera codiciosa por el solo hecho de que uno – el que abraza – tiene poca energía o menos que el árbol. No competimos con a ver quien se queda con mas.

Abrazar el árbol es abrirse al aprendizaje que el árbol nos puede dar, fundirse con su energía en un intercambio, yo le doy, él me da. En esa unión buscamos percibir aquello que hace del árbol un árbol, su misma esencia y en ese encuentro aprender a ser lo que uno es.

Como el árbol se erige en el parque, siendo siempre árbol, yo como ser me paro en la vida siendo siempre el ser que soy, permitiendo que mi energía y mi esencia ocupen todo mi cuerpo. Ya que el árbol es todo árbol, yo debo aprender a ser todo ser.

Abrazar el árbol es permitir que mi piel se convierta en corteza y por mis venas circule savia. El aire que respiro es el que el árbol respira y el movimiento de inhalación y exhalación se une con el del árbol y ambos respiramos juntos.

Abrazar el árbol es unirse con él por debajo de la tierra, sacando raíces de los propios pies que se enroscan con las del árbol aun cuando no puedo verlas.

Es unir los troncos, el suyo y el propio, la columna, y dejarse envolver por la corteza. Los brazos alrededor, compartiendo energía, compartiendo el momento, hasta el punto de no saber si los brazos están sobre el árbol, dentro del árbol o el árbol esta dentro mío.

La cabeza se eleva y conecta con el cielo, como la copa del árbol. Los árboles son tan parecidos a nosotros, siempre en la tierra y siempre en cielo.

Unimos dantien con dantien. La esfera de energía en mi panza se une con la esfera de energía del árbol y se convierten en una sola, un solo dantien que hace que la energía unificada circule por el árbol y por mí. El árbol me ayuda a soltar hacia la tierra, sus raíces son mis raíces. El árbol nos ayuda a incorporar energía, de la tierra, del cielo. Sus ramas y sus hojas son mis ramas y mis hojas.

Las ramas se expanden para crecer, para llegar más allá. En unión con el árbol nos dejamos expandir desde las raíces, sin perder el lugar, sin olvidar el momento. Expansión no es desconexión. Es estar aquí y ahora y a la vez ocupando la totalidad. A través del árbol puedo tocar lo que esta más allá.

La quietud del árbol nos enseña a estar quietos y aun moviéndose, por dentro, su circulación su energía y por fuera, con el viento o la brisa. El árbol se mueve como se debe mover, desde la no-acción, el no-movimiento. No piensa en moverse porque el viento llega, el viento esta allí y árbol se hace viento y se mueve con él. Si el árbol discute con el viento y se niega moverse, el viento lo rompe, lo lastima. Las personas discutimos con todo y siempre estamos dolidos, lastimados.

El árbol nos enseña a no discutir, sino a hacer, a ser.

Y el árbol es el ejemplo de la totalidad de las cosas que debemos abrazar. Abracemos la piedra y nos fundamos con ella. Abracemos a la familia y a los seres que amamos, en pos de aprender y crecer juntos. Abracemos a aquel que nos hace la vida imposible, solo en la unidad podemos ver y comprender el porqué de las presencias en nuestra vida. Abracemos la vida y nos fundamos con ella, sin retacear presencia, sin discutir con ella, sin menoscabar nuestra atención en ella.

La vida, las personas, las oportunidades, las situaciones, las dolencias, están aquí, como el árbol. Si las abrazamos y nos fundimos con ellas lograremos aprender, avanzar, nutrirnos, llenarlos. Si competimos con todo, solamente nos vamos drenando hasta quedar vacíos y sin sentido.

No competimos con el árbol, no competimos con la tierra, no competimos con nosotros mismos. Nos fundimos, nos entregamos, nos abrimos. Y allí hay amor incondicional, siempre disponible.

Hoy abrazamos árboles para aprender. Gracias árboles!